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Rappallini: "Necesitamos un RIGI Industrial YA"

13 MAY. 2026

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Por Martín Rappallini


El anuncio del Gobierno de avanzar con un “Súper RIGI” para sectores estratégicos deja una definición económica muy importante. Y creo que es bueno decirlo claramente: se terminó en la Argentina la idea de que no debía haber políticas sectoriales.


Porque cuando el Estado decide bajar Ganancias al 15%, eliminar retenciones, permitir amortización acelerada, liberar aranceles y generar estabilidad fiscal para determinados sectores, lo que está reconociendo es algo muy concreto: que para competir globalmente hacen falta condiciones globales.


Y eso es correcto.


Es lógico que la Argentina quiera atraer inversiones vinculadas al litio, las baterías, los autos eléctricos, los paneles solares, las turbinas eólicas, el uranio o los fertilizantes. Son sectores estratégicos y el mundo entero hoy compite por esas inversiones.


El punto es otro.


Si aceptamos que para competir globalmente hacen falta condiciones globales, entonces tenemos que aceptar exactamente lo mismo para la industria transable tradicional argentina.


Porque eso es justamente lo que hoy está pasando.

Hay sectores industriales completos que están compitiendo contra el mundo con una estructura impositiva, laboral y financiera completamente fuera de escala.


Y además lo están haciendo en un contexto de apertura económica, caída de ventas y fuerte presión sobre márgenes.


Entonces, la discusión ya no puede ser si hay o no política sectorial. La discusión ahora es cómo hacemos para que haya equidad entre los sectores que compiten globalmente.


Porque si un sector nuevo necesita beneficios especiales para poder desarrollarse, también hay que entender que los sectores tradicionales que ya producen, exportan y generan empleo están necesitando exactamente lo mismo.


Y hay algo más importante todavía.

Hoy gran parte de la industria argentina está financiando el funcionamiento del sistema.

Está financiando el Estado.

Está financiando jubilaciones.

Está financiando educación.

Está financiando municipios, provincias y Nación a través de una presión fiscal altísima.


Entonces aparece una situación compleja: mientras algunos sectores nuevos van a competir con condiciones fiscales internacionales, muchos sectores industriales tradicionales van a seguir compitiendo con la vieja estructura argentina.


Y ahí es donde hay que hacer una reflexión seria.

Porque no parece razonable que los sectores que resistieron décadas de crisis, inflación, falta de crédito, juicios laborales, costos logísticos y presión tributaria récord, ahora además tengan que absorber el costo completo de la transición económica.


En otras palabras: los que sobrevivieron al peor contexto argentino terminan financiando el nuevo esquema competitivo de sectores que todavía no existen en escala.


Y esto no es una crítica al Súper RIGI.

Al contrario.

Creo que el Súper RIGI reconoce correctamente un problema real: el que compite globalmente necesita condiciones globales.


Ese es el concepto importante.

Y justamente por eso hay que extenderlo.

Porque ese mismo problema lo tiene hoy gran parte de la industria argentina.


Un fabricante argentino no compite solamente contra otro producto.

Compite contra países con impuestos más bajos, infraestructura moderna, estabilidad macroeconómica y políticas activas de desarrollo industrial.


Mientras tanto, en Argentina todavía tenemos:

alta presión fiscal,

costos laborales no salariales elevados,

tasas de financiamiento muy altas,

infraestructura insuficiente,

superposición impositiva,

burocracia,

costos logísticos enormes.

Entonces, cuando llega la apertura económica, todas esas distorsiones quedan expuestas.


Y eso es exactamente lo que hoy está pasando.

Por eso hay sectores industriales que están sufriendo fuertemente.

No porque no sepan producir.

No porque no puedan competir tecnológicamente.

Sino porque están compitiendo con una mochila que el resto del mundo no tiene.


Y acá hay algo importante: la industria no está pidiendo privilegios.

Está pidiendo igualdad de condiciones.

Está diciendo algo muy simple: si el Estado reconoce que para competir globalmente hacen falta herramientas especiales, entonces generemos esas herramientas también para quienes vienen sosteniendo el empleo, la producción y las inversiones desde hace décadas.


Porque si no, corremos un riesgo muy grande.

Destruir estructura productiva antes de construir competitividad sistémica.

Y recuperar capacidades industriales destruidas lleva años, muchas veces décadas.


Una fábrica que cierra no vuelve automáticamente cuando la macroeconomía mejora.

Una pyme que pierde capital, gente capacitada, clientes y escala muchas veces desaparece definitivamente.

Por eso hay que administrar inteligentemente esta transición.


La Argentina necesita estabilizar la macroeconomía, bajar inflación y abrirse al mundo. Eso está fuera de discusión.


Pero también necesita entender que ningún país normal destruye sus sectores transables mientras corrige sus desequilibrios.


Todos los países que compiten globalmente acompañan a sus sectores productivos durante las transiciones.

Estados Unidos lo hace.

Europa lo hace.

China lo hace.

Brasil lo hace.


Todos entienden que el sector transable es el que genera exportaciones, empleo formal, innovación, tecnología y dólares genuinos.


Por eso creo que la Argentina tiene que avanzar rápidamente hacia un RIGI Industrial para sectores transables.


Un esquema que tome el mismo concepto del Súper RIGI: si el país necesita competir globalmente, entonces necesita construir condiciones globales.

Y eso debería incluir herramientas concretas:

reducción de impuestos para sectores transables,

amortización acelerada,

devolución rápida de IVA,

eliminación de retenciones,

financiamiento productivo,

cómputo de aportes patronales,

adhesión provincial y municipal para bajar impuestos distorsivos.

No como un privilegio permanente.

Sino como una herramienta de transición hacia una economía realmente competitiva.


Porque el problema argentino no es solamente macroeconómico.

El problema argentino es de competitividad sistémica.

Y eso no se corrige únicamente con estabilidad.

Se corrige también generando condiciones razonables para producir.


La Argentina tiene empresarios, trabajadores, tecnología y capacidad industrial.

Lo que muchas veces no tiene son reglas comparables con el resto del mundo.

Por eso el anuncio del Súper RIGI deja una enseñanza muy importante.

El Estado argentino ya reconoció que quien compite globalmente necesita condiciones globales.


Ahora falta dar el siguiente paso.

Extender ese concepto a toda la industria transable argentina.

Porque no puede haber sectores de primera y sectores de segunda dentro de la economía productiva.

Y porque quienes vienen sosteniendo la producción, el empleo y las inversiones hace décadas también necesitan igualdad de condiciones para competir.


Por eso, más que nunca, hace falta un RIGI Industrial YA.

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